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Discurso
 
Descentralización y gobernabilidad: retos de la democracia
en América Latina y el Caribe hoy
Discurso del Alcalde Alvaro Arzú en Asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo
 
Municipalidad de Guatemala
Alcalde capitalino Alvaro Arzú. Foto archivo.

Ciudad de Guatemala, 10 de julio de 2008/ Inicio mi charla con una felicitación y un agradecimiento. Desde el momento en que recibí la invitación del Banco Interamericano de Desarrollo a participar en este Foro Internacional “Descentralización para el Desarrollo Económico”, me alegró mucho la idea de confirmar la preocupación y compromiso del BID con un tema tan profundo y trascendental como es la descentralización. Felicito, entonces, al banco, a sus personeros, por esta iniciativa tan importante para el desarrollo de nuestros países.



Asimismo, quiero aprovechar este momento de apertura para agradecer la invitación a compartir mi experiencia en la política, la administración pública y también, por qué no, en la iniciativa privada.

 

Hoy en día, el político tiene que conocer en carne propia otras actividades de la vida en sociedad. En otros momentos y circunstancias de la vida, yo he sido empresario, a la par de la política, me gustaría compartir también esta perspectiva.

 

Al revisar la agenda del Foro, cobro consciencia de lo específico que se ha vuelto el tema, tanto en el ámbito técnico como en el político, el impacto que tiene la descentralización en el campo, en la macroeconomía de una nación, la transformación de los servicios públicos, las complejas relaciones entre los ámbito local, estatal, regional; la diferencia cualitativa entre desarrollo rural y desarrollo urbano; el papel de las municipalidades de cara a la población ciudadana; la potenciación local de la competitividad nacional y los desequilibrios fiscales del Estado; y todo esto, claro está, en el marco totalizante de un mundo globalizado.

 

La descentralización ha llegado, en el mundo actual, a casi todas las esferas de la vida social. Las empresas, las organizaciones políticas, las instituciones académicas, las iglesias, sólo para mencionar algunas, han substituido sus antiguas estructuras centralizadas por las redes, es decir, por la comunicación multilateral, por los sistemas de múltiples entradas. Hoy en día, el éxito en el mundo de los negocios, por ejemplo, exige la proliferación de centros de manufactura, distribución, asesoría y apoyo financiero; las iglesias, por otro lado, sobre todo en el ámbito protestante, realizan sus labores pastorales sobre esquemas descentralizados.

 

Hoy en día, la tarea de análisis y diagnóstico es ardua, los temas son complejos y las realidades urgentes. Las sociedades de principios de milenio ya no son tan simples como en el pasado. Antes, los conflictos mundiales se reducían a la lógica de una ideología contra otra, a los intereses de un imperio contra los afanes independentistas de las colonias. Ahora, las identidades se forjan en la tensión entre el Nuevo Orden Mundial de la democracia, las finanzas y las comunicaciones globalizadas y las religiones, las tradiciones y las lenguas de las etnias locales.

 

Hacia finales del siglo veinte, Guatemala, por ejemplo, un país en el que cohabitan un poco más de veinte idiomas y culturas distintas, era una sociedad donde todavía era preponderante el presidencialismo, donde todas las instituciones del Estado estaban centralizadas en la capital, donde los líderes y funcionarios locales debían esperar meses para obtener la venia presidencial para obtener recursos o saber qué debían hacer. En el curso de escasos cuatro años, entre 1996 y el año 2000, logramos poner término al enfrentamiento armado interno y empezar a caminar por el sendero de la inversión productiva.

 

Sin embargo, los procesos de transición, las reformas políticas y administrativas conllevan oposición, resistencia. Bien dice el refrán que la única persona que gusta del cambio es un bebe mojado. Por otro lado, el tiempo con el que se cuenta en un ejercicio gubernativo es extremadamente corto. El conflicto armado interno en mi país, que llegó a su fin con la Firma de los Acuerdos de Paz durante mi gobierno, por ejemplo, fue un proceso largo y difícil. En suma, pasan años antes de que se manifiesten los beneficios sociales de las reformas. Latinoamérica tiene muchos ejemplos de estos: Chile, Argentina, El Salvador.

 

Mi labor al frente tanto de gobiernos locales como el central, y mis incursiones en el mundo de la iniciativa privada son la plataforma desde la cual les comparto mi experiencia. No soy, nunca he sido un hombre de teorías, soy más bien una persona práctica, es decir, alguien que sabe que algunas ideas han sido útiles en circunstancias concretas. Antes de ser Presidente de Guatemala fui Alcalde de la capital. Ahora, casi diez años después y habiendo retomado algunas de mis empresas, he vuelto al gobierno de la ciudad de Guatemala. Tengo, por así decirlo, el privilegio de haber vivido las tres perspectivas en todas sus particularidades. Y déjenme decirles que esta amplia experiencia no me ha dejado duda en relación a la importancia capital que tiene el gobierno local.

 

Un tema que ilustra de forma muy concreta esta importancia es la corrupción. Durante mi período presidencial lancé un programa agresivo de modernización del Estado. Nos dimos cuenta de que, en un país de 10 millones de habitantes, una burocracia de 200 mil plazas, no era una cantidad exagerada. Entonces supimos que nuestro problema no era reducir o agrandar el estado, sino hacerlo más eficiente. Y esto, en buena medida, significó descentralizarlo, acercarlo lo más posible al guatemalteco. Habiendo estado tanto en el terreno público como en el privado, pude darme cuenta que una burocracia centralizada, lenta, obsoleta, fomenta no sólo la corrupción del funcionario público, sino, sobre todo, la corrupción del empresario. Por esta razón, descentralizar significa también evaluar la labor del Estado no en relación a los niveles de inversión, no con respecto a los niveles de ejecución presupuestaria, sino más bien en relación a resultados. Un país descentralizado es aquel donde los servicios del Estado llegan de la forma más rápida y eficiente a quien lo necesita, donde estos servicios solucionan problemas reales de gente concreta, con demandas urgentes. En lo concerniente a la administración pública, los primeros reportes que pido como gobernante no son con respecto a si hemos cumplido con ejecutar los fondos presupuestados, sino qué efecto, qué resultado perdurable han tenido estas inversiones en el cuerpo social.

 

Ahora bien, hoy en día, la cuestión de la descentralización se plantea, de una forma automática, de cara al complejísimo asunto de la multiculturalidad. Guatemala es, como ya lo señalé, un país muy diverso, con distintas etnias, idiomas, costumbres, religiones. Pero me atrevería a decir que eso, que es un privilegio y una riqueza, no es patrimonio exclusivo de mi país. La multiculturalidad es una realidad global que encontramos tanto en América Latina como en Asia, África, e incluso en la misma Europa y los Estados Unidos.

 

Hay dos tipos de diversidad étnica. Primero LA DE ORIGEN: España, por ejemplo, con sus distintas lenguas y regiones. Pero lo mismo encontramos en Italia, en Alemania y en el Reino Unido. Y la que ha sido provocada por las masivas MIGRACIONES del hemisferio sur hacia el norte. Durante los últimos cincuenta (50) años, las migraciones de millones de personas de países del tercer mundo a los grandes centros económicos de Estados Unidos y Europa han cambiado la composición étnica de estas sociedades y si bien las han convertido en económicamente más pujantes, también las han tornado políticamente más complejas. Todos los días leemos noticias sobre el debate que se vive en la Comunidad Europea en torno a los criterios migratorios que deben aplicar.

 

LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN y el colapso de los gobiernos que permanecieron durante décadas detrás de la Cortina de Hierro, en una primera lectura entusiasta e inmediata, significó, como ha dado en nombrarse, EL FIN DE LAS IDEOLOGÍAS. El mundo occidental celebró el triunfo histórico del capitalismo liberal como si esta fuese la única lección que podía sacarse de un fenómeno como ese. Sin embargo, algunas voces (Alvin Tofler, Samuel Huntington) llamaron la atención sobre otro significado quizá no tan conspicuo, pero igualmente trascendental. Si hacemos memoria, inmediatamente después del derrocamiento de los gobiernos comunistas y la reconfiguración completa de las esferas políticas, vinieron los conflictos trágicos en los Balcanes, la separación de las naciones del sur de la antigua Unión Soviética, y la división de Chekoeslovaquia en Eslovaquia y la República Checa. A esto debemos agregar el hecho de que tanto la iglesia católica como la ortodoxa fueron factores determinantes en el sentido que tomaron aquellos eventos históricos a la vez trágicos y liberadores. En suma, podemos decir que EL FIN DE LA GUERRA FRÍA SE TRADUJO EN UN AUGE DE LA CULTURA Y LA IDENTIDAD.

 

En Guatemala vivimos algo parecido. La FIRMA DE LA PAZ significó también el FIN DE LAS IDEOLOGÍAS; y al dejar de lado estas posturas radicales, la sociedad empezó a cobrar una CONCIENCIA más clara de la necesidad del RESPETO A LAS DIFERENCIAS. De los ACUERDOS que se firmaron, el referente a la IDENTIDAD DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS, y el relativo a los asuntos socioeconómicos son los que mejor modelan el tipo de NACIÓN QUE BUSCAMOS. Y cuando digo “buscamos” hablo como un ciudadano guatemalteco más; es la sociedad la que busca denodadamente una salida a las camisas de fuerza en que se convierten los paradigmas político-administrativos obsoletos.

 

Cabe preguntarnos, entonces, ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN LA RELIGIÓN, LAS COSTUMBRES, LAS LENGUAS VERNÁCULAS, con este rechazo por la imposición de un orden político racional e impuesto desde el exterior? Si me permiten una respuesta sintética les diría que ese elemento en común ES LA CULTURA en sus infinitas y particulares expresiones, LA CULTURA entendida como la MATERIA DE MANIFESTACIÓN DE LA DIFERENCIA. La cultura es la membresía que sostiene el sentimiento de pertenencia, el hilo conductor entre los individuos que han compartido o comparten una geografía y una historia.

 

La historia misma de Occidente registra MÚLTIPLES EJEMPLOS de que el bastión privilegiado de la resistencia ante el poder es la cultura en sus múltiples manifestaciones. EL PUEBLO HEBREO DURANTE LA OCUPACIÓN ROMANA, LAS LENGUAS REGIONALES EN LA ESPAÑA DE LA POSTGUERRA, LA RELIGIÓN ORTODOXA EN LA UNIÓN SOVIÉTICA, LAS LENGUAS VERNÁCULAS, EL VESTIDO Y EL SINCRETISMO RELIGIOSO EN LOS PUEBLOS INDÍGENAS DEL CONTINENTE AMERICANO. La lista podría extenderla a casi cualquier país del planeta. Pero la pregunta es ¿de qué manera podemos ver la descentralización como una herramienta de gobernabilidad en el marco irreducible de la multiculturalidad? Déjenme comenzar mi respuesta diciendo que si tomamos la figura del Estado-Nación como un organismo cansado, enfermo, que necesita un diagnóstico, lo primero que tendríamos que hacer es buscar el síntoma de sus dolencias. Ese síntoma, sin lugar a dudas, es la diversidad cultural. Y la única forma de enfrentarlo sin que se convierta en una amenaza para la gobernabilidad es descentralizando aquellas estructuras políticas y administrativas que limitan la expresión de la voluntad local.

 

Al proclamar el fin de las ideologías, quizá por poner la atención en un pasado relativamente cercano que había provocado incluso una guerra mundial, SE DEJABA DE LADO LA CARACTERIZACIÓN DEL MUNDO QUE SE ASOMABA, que empezábamos a vislumbrar a inicios de los años noventa. Tofler y Huntington tenían razón al llamar nuestra atención sobre “la tercera ola”, sobre “el choque de las civilizaciones”. Los conflictos globales del siglo XXI ya no serían provocados por diferencias ideológicas, por doctrinas políticas y militancias dogmáticas; serían provocados, más bien, desde el grupo, desde el conflicto entre identificación y diferencia, desde la necesidad que tenemos, como seres humanos, de aferrarnos a las tradiciones, a la memoria, a las formas de ser que hemos heredado de nuestros antepasados. El mundo que empezó a prefigurarse en la última década del siglo XX es UN MUNDO QUE SE FORJA EN LA TENSIÓN ENTRE la fuerza centrífuga de LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA Y la fuerza centrípeta de LA IDENTIFICACIÓN CULTURAL. Ese ha sido y, creo yo, seguirá siendo un principio rector que atraviesa al conglomerado de naciones del mundo desde sus élites hasta sus comunidades en riesgo de colapso institucional, como ha dado en llamárselas.

 

Ejemplos positivos de esta tensión son algunos países de la Europa del Este: LA REPÚBLICA CHECA, POLONIA Y LA MISMA RUSIA. En ellos se ha dado, al mismo tiempo, DESARROLLO ECONÓMICO, integración a los grandes bloques comerciales del continente europeo, y un AUGE tremendo DE LAS IDENTIDADES LOCALES que fueron reprimidas durante los gobiernos dictatoriales. Sin ir muy lejos, el caso de la misma Irlanda del Sur ilustra muy bien este fenómeno de la resistencia cultural.

 

Ahora bien, ustedes se preguntarán qué relación guarda esta digresión histórica con el tema que nos ocupa. Y yo les contesto que guarda muchísima relación porque ¿qué otra cosa es LA CULTURA sino vida, intercambio y DIÁLOGO LOCAL?, ¿qué otra EXPRESIÓN POLÍTICA MÁS CERCANA puede tener esa dinámica vital que es la cultura, sino EL GOBIERNO LOCAL?, y ¿cómo llegamos, cómo hacemos visible, CÓMO POTENCIAMOS AL GOBIERNO LOCAL, desde los gobiernos que nos ha heredado el modelo del Estado-Nación, sino es DESCENTRALIZANDO?

 

Dos EJEMPLOS EUROPEOS muy conocidos ilustran perfectamente esta situación. Son SUIZA Y ALEMANIA. Países ultra desarrollados que bajo ningún aspecto han declinado sus identidades locales. Una anécdota muy conocida en América Latina es la de aquel Ministro de Educación francés que, recién llegado al despacho, se apresura a pedir una cita urgente con su homólogo alemán; y la secretaria, después de un momento de estupor, le pregunta “¿con cuál de los catorce ministros de educación quiere hablar?” Cierto o no, exageración o realidad, es un buen ejemplo del contraste de los modelos en cuestión, el centralizado y el descentralizado.

 

Pero decir que la descentralización es una necesidad del mundo en que vivimos y hacerla una realidad son dos cosas distintas. La primera es una simple generalidad, la última, LLEVAR LA DESCENTRALIZACIÓN A LA REALIDAD, CONLLEVA UN CONOCIMIENTO, UN ACUERDO POLÍTICO, UNA TECNOLOGÍA FINANCIERA Y, SOBRE TODO, UNA VOLUNTAD DE LOS GOBERNADOS. Ahora bien, esta voluntad es implícita la mayor parte del tiempo. SÓLO EN MOMENTOS DE CRISIS POLÍTICA, o más exactamente, sólo en los momentos en que está en crisis la política que le da expresión a la vida institucional del Estado-Nación, ESA VOLUNTAD SE MANIFIESTA y se explicita. Pero el mero hecho de que una crisis se manifieste no es razón suficiente para que sea realmente percibida. La mayoría de veces, las cosas que tenemos delante son las que no podemos ver. Esta es, precisamente, la limitación de quienes hacen solamente análisis de coyuntura, de quienes ponen su interés en lo inmediato. ACÁ ES DONDE ENTRA EN ESCENA EL POLÍTICO, EL ESTADISTA, el que puede ver más allá de las demandas de los grupos de presión, el que descubre lo que late por debajo de lo urgente.

 

GUATEMALA, por ejemplo, que tiene una ENORME DIVERSIDAD ÉTNICA, manifestó ESTA NECESIDAD hacia el FINAL DEL CONFLICTO ARMADO. Pero la convicción de que debíamos reformar administrativamente al Estado, no nos hizo perder de vista que la descentralización, para que sea realmente efectiva, debe llevarse adelante con mucha prudencia. EL DESARROLLO DESCENTRALIZADO ES UN EQUILIBRIO MUY FRÁGIL ENTRE DOS EXTREMOS PELIGROSOS, A SABER, LA DICTADURA DONDE SE NIEGA TODA PARTICIPACIÓN, Y LA ANARQUÍA ETNOCENTRISTA QUE TERMINA POR DESMEMBRAR A UN ESTADO. Es más, podríamos decir incluso que lo que late en el núcleo del espíritu del terrorismo es, precisamente, una querella cultural, étnica, mal entendida por supuesto, pero que viene de antaño. Pienso en el País Vasco, en Irlanda, en el zapatismo y, por supuesto, en el choque dramático, trágico, entre los fanatismos religiosos del Medio Oriente y el mundo occidental. En el caso guatemalteco que me tocó vivir, estábamos conscientes de que la lucha del Estado contra los grupos insurgentes se había traducido no sólo en una centralización de las decisiones, sin en un crecimiento desmedido del Estado. Los Acuerdos de Paz nos sirvieron no sólo para esbozar el tipo de sociedad que queríamos, sino también para reinventar al gobierno, para ser creativos en cuanto a la necesidad que teníamos de reducir y flexibilizar nuestras estructuras político-administrativas. Ahora, a casi doce años de haber pacificado al país, sabemos que la tarea no ha terminado, que aún luchamos contra la resistencia al cambio. Eso sí, sabemos ya cuál es la orientación, cuál es el rumbo que debemos seguir para acoplarnos tanto a las exigencias del mercado global, como a las demandas del poder local.

 

Hoy en día, LA DESCENTRALIZACIÓN, entendida como un tema político y no sólo administrativo, LATE POR DEBAJO DE LO URGENTE. Las llamadas DEMANDAS SOCIALES, típicas de los tiempos ideológicos, por ejemplo, han dado un GIRO CUALITATIVO; es decir, YA NO se plantean en términos de QUIÉN TIENE Y QUIÉN NO, SINO DE QUIÉN ES QUIÉN. La urgencia que late en el fondo de la vida política de nuestras complejas y diversas comunidades, ha sufrido un giro cualitativo. Ahora nos importa afirmar la diferencia.

 

De la misma forma en que a inicios del Renacimiento europeo la identificación política de los grupos humanos se movió DEL LINAJE A LA CLASE SOCIAL, ahora nos movemos DE LOS INTERESES ECONÓMICOS A los complejos mecanismos de LA HIBRIDACIÓN CULTURAL. Quienes conocemos de cerca la dinámica humana, la complejidad cambiante de las grandes urbes latinoamericanas, sabemos que son un buen ejemplo de estos espacios donde se realizan los choques culturales, los acuerdos sociales, las metamorfosis de las costumbres y las formas de hablar. Es sorprendente y a la vez maravilloso, por ejemplo, escuchar personas conversando en náhuatl en el metro de México, o quiché, kekchí, cakchiquel, en los mercados y centros de transferencia de la Ciudad de Guatemala. Hoy en día las municipalidades de estos centros de hibridación cultural no podemos soslayar ese dato de enriquecimiento que rebasa, prefigura y modela las decisiones y estrategias que implementamos para enfrentar las demandas cotidianas.

 

Pero esta diferencia no implica la unidad granítica del grupo, la homogeneidad del grupo y el retorno a las tradiciones que, en el pasado, eran hilo conductor privilegiado, ineludible, de las personas. Hemos pasado DE LA IDENTIDAD SINGULAR A LA IDENTIDAD PLURAL.

 

En mi país, tradicionalmente, bastaba con decir que éramos guatemaltecos. Hoy en día lo importante es decir QUÉ TIPO DE GUATEMALTECOS SOMOS.

 

Los grupos humanos buscan ahora NUEVAS CLAVES DE RECONOCIMIENTO, signos novedosos de identidad. Las grandes URBES LATINOAMERICANAS son un buen ejemplo de esto. Nadie mejor que un gobernante local, un Alcalde, para dar testimonio de esta nueva dinámica.

 

LA CIUDAD DE GUATEMALA es un ejemplo vivo de este fenómeno. En ella se recomponen y sintetizan nuevas identidades desde las etnias antiguas. Toda gran ciudad es un auténtico LABORATORIO DE HIBRIDACIÓN CULTURAL: SUS MERCADOS, SUS CENTROS DE TRANSFERENCIA, SUS PLAZAS, son los lugares donde palpita la dinámica social de las culturas.

 

NO SE CONOCE UNA LÓGICA PREESTABLECIDA DE ESTOS CAMBIOS, la dinámica es acelerada. Vivimos en un proceso constante de FRAGMENTACIÓN DEL TEJIDO SOCIAL, de atomización. Los antiguos GOBIERNOS Y GRUPOS POLÍTICOS CON IDEAS FIJAS, con métodos rígidos de exploración y conocimiento de la población, SE HAN VUELTO OBSOLETOS. Ahora NECESITAMOS MAQUINARIAS GUBERNAMENTALES ÁGILES, que deleguen donde se pueda delegar, que trasladen el poder donde haya competencia y legitimidad.

 

Después de la caída del Muro de Berlín, por ejemplo, LOS ANTIGUOS PARTIDOS COMUNISTAS EUROPEOS sufrieron profundas crisis porque tuvieron que declinar su visión unilateral de la sociedad. De la misma forma EN AMÉRICA LATINA, LOS ANTIGUOS PARTIDOS POLÍTICOS QUE PROTAGONIZARON LAS LUCHAS POLÍTICAS DE LA GUERRA FRÍA, han desaparecido o han tenido que sufrir HONDOS CAMBIOS en sus principios y estrategias proselitistas.

 

UNA SOCIEDAD INMERSA EN PROCESOS DE FRAGMENTACIÓN, fusión, creación de nuevas identidades, con múltiples parámetros de cambio y regeneración plantea PROFUNDOS RETOS ADMINISTRATIVOS A UN GOBIERNO. Por esta razón pienso en un GOBIERNO LOCAL QUE SEA MATRIZ, laboratorio, punta de lanza de la labor política estatal. LOS ESTADOS MÁS AVANZADOS, hoy por hoy, no son aquellos que dictan criterios básicos a sus gobiernos locales, no son aquellos que, desde sus oficinas planificadoras van a decidir qué se va a hacer en los distintos núcleos humanos que los conforman. SON, más bien, AQUELLOS QUE RECIBEN, PONDERAN Y SINTETIZAN LAS POLÍTICAS QUE VIENEN DE LOS GOBIERNOS LOCALES. Y eso es así porque son estos últimos los que registran de una forma cercana, inmediata, los cambios, las fragmentaciones, los nuevos fenómenos de identificación que modelan la vida de los pueblos que conforman un Estado-Nación.

 

Ahora, después de haber sido Presidente de mi país y haber vuelto al gobierno de la capital, puedo decirles que EL ALCALDE ES LA FIGURA ADMINISTRATIVA MÁS CERCANA A LA GENTE. El trabajo en un ayuntamiento es el más intenso del espectro político. LA PLANIFICACIÓN TÉCNICA SE HACE DIRECTAMENTE SOBRE LAS DEMANDAS URGENTES DE LA POBLACIÓN. El gobierno central, en cambio, con su burocracia y la mediación de los grupos de interés y presión, pone distancia con el ciudadano y muchas veces prejuzga en relación a sus necesidades. Sin embargo, después de los Acuerdos de Paz, ahora es posible, por ejemplo, que los padres de familia decidan sobre la educación de sus hijos en el tipo de programas y en la contratación de maestros; ahora provocamos el involucramiento de los ciudadanos en la protección de los barrios, damos la iniciativa y la autoridad a los ciudadanos de muchas maneras, alentamos a las dependencias gubernamentales a ser competitivas entre sí y con el sector privado. No hay duda que estos sistemas competitivos de fomento de la actividad ciudadana en los servicios públicos provoca altísimos niveles de lealtad entre los participantes, calidad en el servicio y satisfacción del ciudadano.

 

16. LA DESCENTRALIZACIÓN es, entonces, UN ARMA VITAL a la hora de enfrentar estas nuevas dinámicas sincréticas de la SOCIEDAD MODERNA QUE SE DEBATE ENTRE LA FRAGMENTACIÓN REAL DEL DIÁLOGO CULTURAL Y LA EXPERIENCIA VIRTUAL DE UN MUNDO GLOBAL.

 

ALEMANIA es, quizá, uno de los mejores ejemplos de este feliz equilibrio. Se trata del gobierno de un país que es, al mismo tiempo, uno de los mejor integrados a los bloques económicos transnacionales, y tal vez el más descentralizado en función de sus diferencias internas. Y es precisamente este equilibrio el que hace posible que la fragmentación fortalezca a la unidad económica. EL RETO ES PERTENECER AL MUNDO SIN DEJAR DE PERTENECER AL GRUPO. En Guatemala tuvimos la oportunidad de promover esta profunda idea en el momento de la Firma de la Paz, durante el primer año de mi gobierno. Conscientes como estábamos de que la descentralización era un eje vital de la futura gobernabilidad, le dimos un lugar privilegiado tanto en el acuerdo sobre pueblos indígenas como en el referente a aspectos socioeconómicos. En este último se establece que “se debe adoptar un conjunto de instrumentos que institucionalicen la descentralización de la decisión socioeconómica, con la transferencia real de recursos económicos gubernamentales y de capacidad para discutir y decidir localmente la asignación de los recursos, la forma de ejecutar los proyectos, las prioridades y las características de los programas o de las acciones gubernamentales”. Concretamente, la descentralización se pensó como la disposición que permitiera el auténtico fortalecimiento del municipio, poniendo el énfasis en las tareas de ordenamiento territorial, catastro, planificación municipal, administración financiera, gestión de proyectos y capacitación de las organizaciones locales para que pudieran participar efectivamente en la resolución de sus necesidades. Además, se pensó también como un dispositivo más eficiente en la auditoría de la gestión gubernamental. Como gobernante, créanme, no es lo mismo llamar a un funcionario para que justifique sus gastos, que para que rinda cuentas de sus resultados. Esto último es infinitamente más eficiente.

 

POTENCIAR LA DESCENTRALIZACIÓN ES FOMENTAR, rescatar, velar por la LEGITIMIDAD DE NUESTRAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS. Como políticos debemos tener conciencia de esta realidad, de esta necesidad. EL POLÍTICO MODERNO ya no es el que se imagina a sí mismo como el centro, el eje de la vida de su comunidad. Es, más bien, el ATENTO FACILITADOR, el que lleva las herramientas de la administración pública al lugar donde se legitima la dinámica política.

 

El Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos anteriormente mencionado, fue el que detonó de una forma efectiva y certera la subsecuente promulgación de las Leyes de Descentralización en Guatemala. A partir de allí se generó el mandato del aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) del siete (7) al diez (10) por ciento y su distribución en todas las municipalidades. Fue ese el punto de partida para la creación del CIAF, el sistema de descentralización efectiva para que las municipalidades pudieran llevar su propia contabilidad de las finanzas locales. Más allá del caso guatemalteco, otro EJEMPLO RECIENTE y muy ilustrativo del peso que tiene la descentralización es el empuje que le dio a ESPAÑA la promulgación de la CONSTITUCIÓN DE 1978. En ella se sentaron las bases del posterior RECONOCIMIENTO DE LA AUTONOMÍA REGIONAL que se ha traducido en un gran DESARROLLO ECONÓMICO PARA LAS COMUNIDADES LOCALES y una subsiguiente INTEGRACIÓN DEL ESTADO A LA COMUNIDAD ECONÓMICA EUROPEA.


Apoyar la descentralización es, en cualquier parte del mundo, apoyar al Estado; pero de una forma muy especial, estratégica y fecunda: fortaleciendo al gobierno local. Y, a su vez, fortalecer el gobierno local significa fortalecer la gobernabilidad, darle respaldo, sustento, legitimidad a la autoridad que se materializa en las instituciones y sus representantes. Ahora que vivimos tiempos de crisis institucionales, el apoyo a la descentralización debe traducirse en apoyo al fortalecimiento de las instituciones públicas. Necesitamos darle un respaldo a las instituciones que representan a los procesos de legitimación, a los mecanismos de construcción de identidades. “PARA PODER HACER ALGO, HAY QUE SER ALGUIEN”, decía Goethe, el mayor poeta de Alemania.

 

Pero, como decía anteriormente, ya no vivimos aislados en nuestros estados alimentando tradiciones que nos vinculan a un pasado, VIVIMOS EN UN MUNDO QUE NO SÓLO CAMBIA EN EL ÁMBITO LOCAL, SINO TAMBIÉN EN EL GLOBAL. Por ello, ya no solamente NECESITAMOS tomar las decisiones al interior de nuestros gobiernos, necesitamos también el apoyo, EL CONOCIMIENTO, LA TECNOLOGÍA Y LA AYUDA FINANCIERA Y ADMINISTRATIVA DE ENTES GLOBALES comprometidos con el mismo proyecto, con el mismo y diverso mundo, comprometidos con la idea según la cual la descentralización no pasa por la mediación de organizaciones civiles, sino por el apoyo directo a los gobiernos locales. Necesitamos un compromiso claro de los organismos internacionales de ayuda y asesoría con el fortalecimiento de las instituciones públicas y no con su debilitamiento vía la introducción de terceros.

 

Hoy en día ya no manejamos sólo la idea del Estado, sino sobre todo la del ESTADO-REGIÓN. Los destinos de los PAÍSES VECINOS están inalienablemente UNIDOS. Las fronteras se abren, la comunicación cada día es más rápida y eficiente. Por ello, una ENTIDAD INTERNACIONAL, con vocación continental, es la más apta para generar una VISIÓN DE CONJUNTO QUE NO CONTRADIGA la fuerza vital de LA IDENTIFICACIÓN LOCAL.

 

19. EL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, conciente ya de estas profundas necesidades desde el pasado reciente, se ha convertido en una DE ESAS INSTITUCIONES CONTINENTALES LÍDERES EN EL FOMENTO, rescate y cuidado DE LAS INSTITUCIONES de los estados que la constituyen.

 

En GUATEMALA, al menos, el BANCO ha sido UNO DE LOS PRINCIPALES IMPULSORES Y DEFENSORES DE LAS INSTITUCIONES DE ESTADO desde el fin de los gobiernos de facto y el inicio de la vida democrática. De la mano del Banco hemos podido llevar adelante innumerables proyectos en los ámbitos de la salud, el trabajo, la educación, por ejemplo.

No quiero dejar pasar la ocasión sin FELICITAR, como decía al inicio, a su PRESIDENTE, a sus PERSONEROS, TÉCNICOS y todos aquellos que HAN HECHO POSIBLE no sólo ESTE EVENTO TAN ÚTIL EN EL COMPROMISO CON LA DESCENTRALIZACIÓN, sino que han sostenido y seguirán en la lucha por una Latinoamérica desarrollada, integrada al mundo y más justa.

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