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Opinión
El hoyo y la resurrección de la Sexta

Colomna de opinión por: ALFRED KALTSCHMITT

Municipalidad de Guatemala

Columna publicada.

Ciudad de Guatemala, 22 de junio 2010/ El hoyo y la resurrección de la Sexta No tiene nada que ver una cosa con la otra, salvo que están en el centro, y el alcalde, según algunos, es el responsable de lo primero y también de lo segundo.


Quiero hablar de la Sexta, la otrora avenida emblemática de los mejores años de la ciudad, revivida hoy como Lázaro entre los escombros de la parafernalia ambulante, de las ropas, música, películas y cuanta mercadería chafa se vendía en los tugurios tupidos que se fueron devorando lentamente sus aceras y hasta buena parte de calle, por tanto tiempo que la memoria duele.

 

La Sexta, resurrecta, surgiendo —como Lázaro de la oscuridad de la cueva mortuoria— a la luz de su antigua gloria. Hoy nos deja caminar nuevamente pisando su pasado histórico, y los recuerdos de la juventud se agolpan con claridad.

 

Hace 40 años, para este escribiente —junto a muchos otros jóvenes de varias generaciones de chapines—, la Sexta estaba viva, había tiempo para detenerse unos minutos en el Frankfurt de la 13 calle, a comerse un par de mixtas con todo y agua por 20 centavos. O si se andaba gamonal, una hamburguesa en el Fu-lu-sho, en donde se podía uno topar con los políticos, intelectuales y artistas del momento. Era el lugar de reunión y centro del rumor, el chisme y la información confidencial; y más de un golpe de Estado, el nacimiento de un partido político o la idea de una obra de teatro salieron de la cafetería preferida de la elite.

 

Aún persisten en la Sexta los ecos de gritos y consignas de las tantas manifestaciones apoteósicas que albergó en contra y a favor de líderes nacionales como Jorge Ubico, Manuel Estrada Cabrera, Juan José Arévalo, Jacobo Árbenz, Castillo Armas, Idígoras Fuentes, Jorge Serrano y otros.

 

La Sexta, más que memoria histórica —raíz, herencia y legado— ya está limpia de nuevo. Rescatada del vergonzoso prostíbulo al que fue sometida por disposición municipal en algún momento oscuro de la politiquería irreverente que la vendió a cambio de algunos votos edilicios. Hoy, la rectificación que la libera debe ser justamente apreciada por todos. Y que la lección sea aprendida, que la herencia no se vende ni se empeña. Y que, ni por votos ni por presiones absurdas se puede convertir la casa en un sucio, desordenado y abusivo mercado de mercachifles que echaron raíces porque nadie los paró.

 

En cuanto al hoyo de la zona 2, bueno... El hoyo es adonde quieren meter al alcalde con supuestos de irresponsabilidad en el manejo de drenajes y colectores que datan de más de 30 años, y una composición del subsuelo perfectamente idónea para que pase lo que está pasando, especialmente después que cayó, en dos horas de erupción, la misma cantidad de arena que la basura domiciliar que se recolecta en siete años en la ciudad.

 

Un fenómeno, pues, explicable al que se le debe poner atención, por supuesto, pero afuera del ring de los cobros por cuenta ajena que llevan deudas de viejos anticuerpos que el alcalde se ha encargado de cultivar con mucho afán y que ahora le quieren cobrar. Pero no es el momento para echar a nadie en el hoyo, sino con soluciones de largo plazo, y para eso, lo que se requiere no son señalamientos extemporáneos e impertinentes, sino propuestas concretas.

 

¿Quién va a poner la plata para tapar el hoyo? ¿Con qué se va llenar? ¿Cómo se puede evitar que sigan los hundimientos? ¿Cómo se puede ayudar a la gente que perdió su casa o está a punto de hacerlo? Estas son las preguntas que deberíamos estar haciendo, en vez de tirar tetuntes y más lodo. (lea la nota desde el medio)


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